Eso me pregunto yo. Algunos seguramente me van a decir: “ y… 60 segundos, pelotudo!”. Otros seguramente recurrirán a una metáfora y dirán: “un interlapsus de tiempo que almacena segundos interminables”. Y hasta habrá algunos que siguiendo las normas del intocable diccionario de la Realísima Grandísima Academísima Españolísima propondrán la frase: “Tiempo que equivale a 60 segundos”.Pero yo prefiero decir que un minuto es la duración necesaria para cambiar a una persona. En solo 60 segundos alguien puede pasar de ser el ser más feliz que habitó el planeta tierra, a quedar reducido a la condición de un tímido pichón de paloma acobardado por los piedrazos de un mocoso malcriado en una plaza.
La discusión ahora es, cuándo dura realmente un minuto. Seguramente hubo situaciones en las que quisimos que el tiempo sea laaaargo y ese instante no sea efímero. Pero tampoco dudo al afirmar que alguna maestra hichapelotas nos habrá hecho vivir el minuto más largo de nuestras vidas en la escuela. Pero la duración de un minuto no se calcula en torno al sistema exadecimal, del que creo, fueron precursores los incas. Se computa al respecto de cuanta sangre hemos perdido. Si el minuto se lleva consigo parte de nuestra humanidad existen dos opciones: o la muerte o la muerte en vida. Para el primero de los casos no hay vuelta atrás aparente en este mundo y por ende no hay escala temporal en el mas allá. Ahora para el segundo, parece ser que los científicos han descubierto un extraño tratamiento. El más acá ofrece todavía, una serie de garantías poco aprovechadas. El tiempo de muerte en vida ocasionado por el minuto puede durar meses, días y hay quienes jamás despertaron del todo. En este caso el minuto se cobró una nueva vida, pero por cansancio, no por acción concreta. Con este marco teórico – práctico podría afirmar que el minuto dura lo que a uno le duela. Comparado con un simple raspón o tropiezo, solo algunos segundos, en cambio si hablamos de quebraduras y roturas profundas el tiempo se alarga y podría llegar a tener las consecuencias antes mencionadas.
Después de reflexionar acerca de qué es un minuto, cuánto dura y que tratamiento llevar a cabo no me quedó nada claro. Solamente se que tarde más de un minuto en escribir esto, porque siento que nuevamente soy un muerto en vida…
La discusión ahora es, cuándo dura realmente un minuto. Seguramente hubo situaciones en las que quisimos que el tiempo sea laaaargo y ese instante no sea efímero. Pero tampoco dudo al afirmar que alguna maestra hichapelotas nos habrá hecho vivir el minuto más largo de nuestras vidas en la escuela. Pero la duración de un minuto no se calcula en torno al sistema exadecimal, del que creo, fueron precursores los incas. Se computa al respecto de cuanta sangre hemos perdido. Si el minuto se lleva consigo parte de nuestra humanidad existen dos opciones: o la muerte o la muerte en vida. Para el primero de los casos no hay vuelta atrás aparente en este mundo y por ende no hay escala temporal en el mas allá. Ahora para el segundo, parece ser que los científicos han descubierto un extraño tratamiento. El más acá ofrece todavía, una serie de garantías poco aprovechadas. El tiempo de muerte en vida ocasionado por el minuto puede durar meses, días y hay quienes jamás despertaron del todo. En este caso el minuto se cobró una nueva vida, pero por cansancio, no por acción concreta. Con este marco teórico – práctico podría afirmar que el minuto dura lo que a uno le duela. Comparado con un simple raspón o tropiezo, solo algunos segundos, en cambio si hablamos de quebraduras y roturas profundas el tiempo se alarga y podría llegar a tener las consecuencias antes mencionadas.
Después de reflexionar acerca de qué es un minuto, cuánto dura y que tratamiento llevar a cabo no me quedó nada claro. Solamente se que tarde más de un minuto en escribir esto, porque siento que nuevamente soy un muerto en vida…

